El uso de drogas es una problemática compleja cuyo abordaje preventivo se inicia en las escuelas cuando los chicos empiezan la etapa de la adolescencia. Una edad difícil y conflictiva que provoca cambios en la conducta de los jóvenes y cuyos síntomas, a veces, pueden confundirse con el de la utilización de drogas.
A nadie escapa el hecho de que la droga mueve grandes intereses a nivel mundial y de que es, ni más ni menos, el segundo negocio más rentable, después del tráfico de armas. Vivimos en un contexto social donde la droga se va imponiendo de manera muy sutil, donde inclusive los adultos recurren al uso de sustancias para paliar el stress y las tensiones a las que se ven sometidos en vida cotidiana.
Ciertas películas, discursos de la música o la publicidad, inducen solapadamente al consumo de sustancias legales o ilegales. Están muy lejos de responder a las necesidades profundas del ser humano.
La reflexión parece empezar entonces por entender que existe un marco social que predispone fácilmente a la frustración y a la angustia. La incapacidad de la sociedad de consumo para canalizar sanamente las demandas de un espacio protagónico para nuestros jóvenes, sumado a la presión social, son factores clave en juego, conforme relatan diversos expertos.
Teniendo en cuenta a los adolescentes, es la calidad de los vínculos personales y de los lazos familiares los que determinan conductas. La oferta de droga, por sí misma, no produce un droga-dependiente; hace falta una decisión personal fortalecida irónicamente por carencia afectiva. La tarea de la prevención se inicia en el seno familiar.
¿Cómo debe ser la Prevención?
En la droga-dependencia, es informar sobre los daños, pero fundamentalmente es ayudar a que la gente tome conciencia de que hay que crear un conjunto de actitudes, hábitos y valores, en contra del uso. Su objetivo es desarrollar una personalidad fortalecida en su autoestima para no recurrir a respuestas ilusorias. La prevención directa suele iniciar a los 11/12 años.
¿Cómo se comportan los jóvenes?
La actitud es de gran interés. Los jóvenes de hoy muchas veces están mejor informados que los adultos, porque han visto a alguien fumar o tienen amigos en ello. Lo fundamental es escuchar y dar información adecuada a la edad, sin articular discursos monótonos o moralinas del miedo (“la droga mata” temporalmente falla cuando el joven nota que fumar algo no los mata instantáneamente en su primer intento). Las campañas efectivas hablan de cómo actúa la droga insidiosamente creando un hábito.
La Ventana Difícil: La Adolescencia
La adolescencia vulnera el uso ya que se viven desprendimientos de dependencia paterna sumada a crisis biológicas parentales. Algunos síntomas (angustia, insomnio, cambios de amigos, encerrarse en el cuarto) se mimetizan entre crisis naturales y adicción. Nunca se debe ignorar o asumir uno por encima del otro. Ante la duda, hay que generar confianza suficiente para hablar. La familia sigue siendo el punto de apoyo y el diálogo es la llave maestra, un diálogo casual y no formal provocado por estímulos cotidianos.
Dudas surgirán de los propios padres y está bien no saberlo todo. Decir sinceramente a un hijo “te quiero” y respetar sus ideas son el antídoto por excelencia y pilar formativo humano.